por David Roca Basadre

“Milei, con el DNU y la Ley Ómnibus puso en marcha un virtual golpe institucional. La ilegal delegación de facultades legislativas se parece demasiado al autogolpe de Alberto Fujimori y a un cierre del Congreso. Habrá que ver si da otros pasos en esa dirección ante las protestas. Los generales que se van, con esa relación normal con el FdT, serían menos maleables o confiables ante una jugada todavía más autoritaria.” [1] decía el diario argentino Página 12, al referirse al “histórico descabezamiento” de toda la plana mayor del ejército argentino, reemplazados por “jefes más dóciles y de mayor alineamiento con EE.UU.” Pregunta: ¿En Argentina hubo un fujimorazo? ¿Va Milei hacia un gobierno de corte autoritario? Tratamos de responder a esa interrogante con Nelson Manrique, historiador, sociólogo, y escritor peruano, que fuera integrante de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) en Perú, conocedor a fondo del periodo de la dictadura fujimorista en ese país.
¿Es un fujimorazo lo que hay en Argentina?
Hay puntos de semejanza entre el gobierno que inicia Milei en Argentina, y el proceso que encabezó Fujimori. Pero hay también diferencias sustanciales, que tienen que ver, sobre todo, con el momento social que vive cada país. Cuando es elegido Fujimori, y luego cuando Fujimori da el autogolpe, existía en el Perú una situación que calza perfectamente con el modelo que hace posible un shock, como lo describe bien Naomi Klein. Por un lado, se había llegado a una situación límite con la hiperinflación. Así, en términos de unidad monetaria, hacia 1984 la moneda nacional, el sol de oro, se transforma de mil soles a un Inti, una nueva moneda; y luego, un millón de intis se traducen en 1 nuevo sol, otra moneda. Fue una depreciación de 1 mil millones de veces en 6 años, la economía estaba destruida. Por otro lado, Sendero Luminoso amenazaba. El subsecretario de Asuntos Interamericanos de los Estados Unidos planteó, en abril de 1992, que existía la seria posibilidad de que en el Perú se produjera el tercer genocidio del siglo XX: el primero fue el de los nazis, el segundo el de los jemeres rojos en Camboya, y el tercero que sería el que hubiera sobrevenido con el triunfo de Sendero Luminoso. Tal afirmación estaba basada en un informe hecho por la Rand Corporation. Así que se veía al terrorismo de Sendero Luminoso como una amenaza que ponía en cuestión la sobrevivencia del Perú como nación. Es en esas condiciones de crisis extrema, que es posible hacer un ajuste radical con apoyo social. Pero, hay un punto de contacto muy próximo entre lo de Argentina con Milei y lo que sucedía con Fujimori. Conversando con el sociólogo Francisco Durand, estudioso que conocía muy bien a las élites peruanas, me contaba que, hablando con empresarios peruanos sobre el golpe de Fujimori, la percepción que estos tenían, a comienzos de los 90, era que el Perú necesitaba un Pinochet.
¿Las medidas ultraliberales no son, entonces, tan fáciles de ejecutar en Argentina?
Hay una gran crisis económica y política en Argentina, pero no llega al nivel que se vivía en el Perú al momento del golpe de Fujimori. Además, en Argentina hay un sindicalismo organizado, hubo una inversión social importante en los jóvenes que dan por supuesto que la educación es gratuita, que la salud está garantizada, hay una fuerte inversión social del Estado, en general. Y esto choca radicalmente con el proyecto de ley ómnibus de Milei que está sembrando extremismo ideológico, siguiendo a Trump, como ocurre en distintos lugares del mundo.
El viaje de Milei a Israel, y el alineamiento de este con el gobierno israelí en la crisis con Siria, el genocidio en Gaza, ha llevado a que el ayatola más caracterizado de Irán declare que esa alianza de Argentina la convierte en objeto bélico, y que el enfrentamiento con Israel no se limita al territorio israelí, sino que abarca el mundo. No es necesario que haya atentados en Argentina, aunque ya sucedió anteriormente, pero son muchos frentes, internos y externos, los que se está abriendo, y sin una base organizada, Milei tendrá que romper la institucionalidad, dar una especie de autogolpe que le permita concentrar el poder. Porque si no, va a llegar a ese punto muerto donde se da una especie de guerra larvada con las demás organizaciones políticas, con los sectores populares organizados, con el exterior. Sin embargo, no lo veo aún como salida posible, como sí lo fue con Fujimori en su momento, cuando las condiciones estaban dadas para ir a la privatización, incluso con toda la corrupción que hubo de por medio, al golpear y desarticular a los sectores populares organizados, al sindicalismo, a las comunidades, etc., que ya estaban debilitadas.
En Argentina, sin embargo, vienen también de una época de varios años de inflación, con brotes de corrupción, que ha condicionado el voto por Milei.
La corrupción es el gran mal contemporáneo. Sucede en Estados Unidos, sucede en Rusia, sucede en Argentina, sucede en Perú, pero particularmente en el caso argentino. Allí ha jugado un papel gravitante en la gestación de la crisis económica y el descreimiento de la población en los políticos, en su relación con “la casta”, como dice Milei. Luego de perder la votación en la cámara de diputados, dijo que le ha ganado “la política”, y dijo que debe vencer a “la política”. Se sigue poniendo al margen, eso está muy bien pensado.
También amenazó no hacer transferencias a las provincias.
Ese es un camino con formalidades, pero parte de un proyecto autoritario. No es posible aplicar esas medidas sin un gobierno autoritario. Y un factor gravitante para seguir en esa vía, va a ser la posición de las fuerzas armadas. Si se alinean con la institucionalidad, si mantienen el juego democrático abierto, o si, por el contrario, se alinean con un proyecto autoritario dándole soporte militar.
Los militares argentinos, sin embargo, ya tienen 40 años de haberse formado en democracia. Pero, asimismo, la vicepresidenta es amiga de los militares de la dictadura, a los que visita en prisión.
También es interesante recordar allí la experiencia peruana con los militares. Compárese el horizonte ideológico de los militares velasquistas en los años 60, la voluntad de hacer reformas, cambiar el país, y su discurso sobre la defensa nacional basada en la integración en el desarrollo, con lo que va a ser la oleada militar represiva después de la guerra interna, en los años 80/90, contra el terrorismo, y la emergencia de una derecha militar dura.
¿Y tiene idea de más o menos cuál será la formación de los militares en Argentina hoy en día? ¿Conoce algo?
No, pero deben de haber impactado los juicios que se hicieron contra los militares de la dictadura. Es un hecho importantísimo que se lograra que esos militares murieran en prisión, como Videla. Pero, ahora, ¿cómo ha sido interiorizado eso por los militares? ¿Ha sido asimilado como una llamada a rectificar o, por el contrario, ratifica la idea de que los militares tienen como enemigos a los civiles?
Haciendo un poquito de psicología, que yo sé que no es su área, pero a partir de su experiencia en la Comisión de la Verdad y Reconciliación en el Perú, ¿cómo percibe la mentalidad militar? ¿Cómo es que suele razonar?
Puedo hablar de los militares peruanos, No de los argentinos.
Claro. Pero hay algo general en la formación militar, ¿no?
Se cultiva una suerte de antisemitismo civil, la población es caracterizada como “los paisanos”, y es vista como carente de las virtudes patrióticas, que son patrimonio natural de las fuerzas armadas. Hay análisis muy agudos del mayor Víctor Villanueva[2], que creo que es el mejor estudio que hemos tenido de las fuerzas armadas y del (entonces partido rebelde) Apra, y de la relación entre ambos, en que indica cómo la represión, las guerras civiles, alimentan la imagen del civil como cobarde, corriendo mientras los militares los golpean, persiguen, etc. Hay entre ellos un sentimiento, un espíritu de casta, reforzado por el discurso que alimenta la oligarquía. Es esta imagen de las fuerzas armadas como institución tutelar de la patria, que es lo que ha repetido hace poco el jefe de la policía peruana: que la policía nacional es una institución tutelar. Plantear que sean instituciones tutelares es una estupidez. La patria es un órgano eminentemente político y por definición, los militares debieran ser apolíticos, pero se les alimenta ese espíritu de casta, de sentirse superiores, distintos, con el monopolio de un conjunto de virtudes que no son características de “los paisanos”.
Los militares norteamericanos responden al patrón que está describiendo. ¿Podemos deducir, entonces, que hay más o menos un patrón general entre los militares?
No es accidental que por la Escuela de las Américas[3] promovida por los Estados Unidos, pasaran más de 80 mil oficiales de América Latina, para ser formados en contrainsurgencia. Y hubo, a partir de allí, un viraje importante en la definición del papel de las fuerzas armadas. Era la defensa de la patria, la defensa de las fronteras, prepararse para la guerra contra los extranjeros, contra los enemigos, los invasores amenazantes de la patria. Y de allí pasaron a la guerra interna, a la definición del enemigo por fronteras no territoriales, sino ideológicas, los enemigos que también están en casa. ¿Quién era el comunista? Pues todos los progresistas, los sindicalistas, los curas, hasta los liberales de derecha, entran ahí. Qué es lo que funciona ahora con la categoría de terrorismo, con el terruqueo, como decimos en el Perú.
Partiendo de todo ello, es impredecible, entonces, la actitud que podrían tomar las fuerzas armadas en Argentina.
Bueno, ahora hay un nuevo tipo de golpe de Estado, que no es por medio de los militares que toman el poder, sino copando las instituciones, como en Colombia, como en Perú. Una serie de medidas legales para crear una situación distinta pero autoritaria.Eso ha cambiado desde el fin de la Guerra Fría. Los golpes militares durante la Guerra Fría se justificaban con el argumento de la amenaza del comunismo. Y claro, un militar daba el golpe, se declaraba anticomunista y tenía el apoyo norteamericano asegurado. Pero desaparecida la Unión Soviética, desapareció el mundo bipolar. Yo diría que el golpe militar, en la Argentina de los 70/80, fue posible porque Estados Unidos los deja hacer después de haberlos formado en la doctrina de contrainsurgencia, lo que va a dar lugar a las violaciones de derechos humanos, como sucedió allí en Argentina, y en Chile, en Brasil, en Uruguay. Pero, ahora ya no hay el argumento de la amenaza comunista.
Pienso en el discurso de Milei en Davos, donde pone como socialistas a todo el mundo, una definición de socialismo extremadamente largo donde todo lo que no está con él es el enemigo socialista, quienes sean. En ese tipo de mirada, en ese ellos y nosotros, ¿sí cabe ese tipo de excesos?
Solo sí llega a tener una base social. Lo que veo difícil es que cree esa base social. Milei con un discurso (en apariencia) ultranacionalista, en el que todos son enemigos menos su pequeño grupo, no corresponde a lo que es la verdadera correlación de fuerzas existente. Es que esa correlación no la mide una votación, las elecciones expresan solo una parte de la realidad, donde su discurso de “la casta” recogió muy bien un espíritu, un ánimo de descontento hacia los políticos. Otra cosa es la implementación de medidas concretas. Y si ocurre que esas medidas van a afectar intereses de sectores populares organizados, no creo que la tenga fácil, sinceramente.

La ultraderecha ha aprendido muchísimo y mejor que la izquierda, la importancia del debate ideológico que la izquierda dejó de lado. La izquierda creía, correctamente, que tenía que promover medidas sociales, pero desatendió la lucha ideológica. Podría ser que ese debate lo gane discursivamente la ultraderecha.
Hay el crecimiento de una conciencia ideológica de la derecha, pero creo que el problema está más en las carencias de la izquierda. Es decir, ¿qué es el proyecto socialista a estas alturas? A eso hay que responder. El llamado socialismo del siglo 21 es una combinación de capitalismo con redistribución, que pudo ser por el precio del petróleo que permitía grandes ingresos. Pero el socialismo trata de expropiación de los medios de producción, control social de los medios de producción, gobierno de los trabajadores, y a estas alturas ya no es posible. Ya era muy claro antes de la caída del Muro de Berlín que eso ya no es más posible.
Para resumir, ¿Argentina va a tener una deriva autoritaria de todas maneras? ¿No le queda otra a Milei?
Todo va a depender de si lo van a avalar, o no, los militares en cualquier decisión que, de manera formalmente legal, lo lleve – en realidad – a una ruptura de la legalidad. Si no logra generar consenso social para llevar adelante su propuesta, tendrá que recurrir a la fuerza. Y una fuerza organizada contra un bloque popular, solo la proporciona la fuerza armada, no los poderosos gremios patronales de derecha. Y como no veo grandes movimientos que puedan darle base social, parece que su base natural sería la fuerza armada. Para saber eso con certeza, es necesario tener conocimiento sobre lo qué está pasando en la fuerza armada argentina, últimamente objeto de cambios drásticos y reformas por parte del gobierno de Milei, que parece tener claro que debe fortalecerse allí.
[1] https://www.pagina12.com.ar/700572-la-purga-libertaria-en-las-fuerzas-armadas
