¿Qué nos dicen las reacciones en Perú al asalto de Trump a Venezuela?

Pier Paolo Marzo

Con independencia de los enfoques divergentes con que se vienen dando las opiniones respecto al asalto de militares de Estados Unidos a Venezuela, a los peruanos y peruanas nos interesan especialmente las posturas de nuestros propios actores políticos, que nos anticipan cómo actuarán si es que les entregamos más poder.

Para evaluarlas, veamos primero los objetivos de la intervención, según quien la decidió, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump: “Vamos a hacer que nuestras grandes compañías petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera”. El secretario de Guerra, Hegset, lo ratificó indicando que “mediante acciones estratégicas, podemos asegurar el acceso a riqueza y recursos adicionales, lo que permitirá al país aprovecharlos sin tener que gastar sangre estadounidense».

Estas declaraciones se dan sobre el hecho de que Venezuela lidera a todos los países con 303.000 millones de barriles de reservas probadas de petróleo crudo, superando a Arabia Saudita y representando casi el 20 % de las reservas globales en 2023. En adición,  Venezuela cuenta con reservas de 5,5 billones de metros cúbicos de gas natural, lo que representa el 73% de los yacimientos en Sudamérica.

Para cumplir ese objetivo, Trump anunció que “Vamos a gobernar el país hasta que podamos hacer una transición…” Esto fue confirmado por el secretario de Estado, Marco Rubio y explicado por el presidente de la Comisión de Inteligencia del Senado, Tom Cotton: “Cuando el presidente dijo que Estados Unidos va a estar dirigiendo Venezuela, significa que los nuevos líderes de Venezuela deben cumplir nuestras demandas”.

Es decir, nada de respecto de los cuestionamientos a las elecciones en Venezuela, ni sobre los derechos de los opositores ni sobre valores políticos o morales.

Por el contrario, el gobierno de Estados Unidos se ciñe a la estrategia de seguridad nacional explicada en un artículo anterior y que el analista Ricardo Soberón ha sintetizado en 

”(i) la región es considerada patio trasero y fuente de criminalidad,

 (ii) es zona de influencia geopolítica y económica y no aceptará ninguna otra presencia en competencia; y

(iii) la diplomacia norteamericana se basa en los hechos cumplidos.”[1]

Antes del asalto a Venezuela, esa estrategia se ha materializado en las intervenciones en elecciones de Honduras, Argentina (legislativas) Bolivia, Chile y Ecuador, con matices particulares. Y probablemente la injerencia continúe este año, en las elecciones de Brasil, Colombia y Perú, además de Costa Rica y Haití.

A pesar de los hechos, el encargado de la Presidencia, José Jerí, de Somos Perú, declaró que «Venezuela inicia una nueva era en democracia y libertad». Y la dirigencia de la mayoría de partidos políticos que apoyan a Jerí – Fuerza Popular, Renovación Popular, Alianza por el Progreso – siguieron la línea marcada por el presidente encargado, con abundante retórica de contraposición entre tiranía y libertad, algo ajeno a las intenciones de Trump y sus ministros. A contrario, las candidaturas de la alianza Venceremos, Ahora Nación, Libertad Popular y el Partido Morado, fueron críticas con la agresión estadounidense. Resulta evidente que quiénes han aplaudido la intervención militar de Trump, han mostrado un desprecio total por el principio de soberanía de los pueblos sobre sus recursos. Por lo que podemos asumir que ese mismo desprecio seguirá guiando sus decisiones. Tomemos nota.


[1] https://nuevordeninternacional.com/2026-prospectiva-de-las-relaciones-entre-ee-uu-de-trump-y-america-latina/